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          José Ruiz- Marea Negra do Prestige

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UNIVERSIDADE DE VIGO

Corredores marítimos: España “tiene un caso”
José M. Ruiz, Profesor Titular de Ecología, Grupo de Ecotoxicología, Universidade da Coruña.


De los 10 Dispositivos de Separación de Tráfico (los corredores o autovías marítimas) que la Organización Marítima Internacional (OMI) tiene reconocidos en aguas internacionales (más allá de las 12 millas), 2 están en España: el de Tarifa y el de Finisterre. Hasta 1994 este último estaba 11,5 millas más cerca de la costa gallega, y ahora que todavía no ha concluido el episodio del Prestige la Administración española está considerando volver a solicitar su alejamiento. La razón parece clara: Galicia ya ha sufrido las consecuencias de los accidentes de demasiados petroleros. Sin embargo, a la hora de negociar ante la OMI una nueva disposición para el corredor gallego, la comunidad internacional va a desmontar tal argumento con la frialdad de los hechos: en Galicia sólo son achacables al corredor marítimo los vertidos del Andros Patria -1978- y los del Prestige (los del Polycommander, Urquiola y Aegean Sea ocurrieron tras abandonar la autovía y entrando a puerto). No nos ha ido tan mal si lo comparamos con el caso de la Bretaña francesa, que se ha visto afectada por el Torrey Canyon -1967-, el Amoco Cadiz -1978-, el Tanio -1980- y el Erika -1999-. De hecho, el azar nos ha perdonado el desastre de alguna que otra década.
Pero no debería acabar aquí nuestro alegato. Mientras que los derrames de petróleo provocan una contaminación esporádica aunque llamativa, existen principalmente otros dos tipos de contaminación mucho menos evidentes pero cotidianos, insidiosos: la contaminación atmosférica por los combustibles que propulsan los barcos, y la del agua por la liberación de los biocidas de las pinturas de los cascos. A ambos contribuyen no sólo los petroleros, si no todos y cada uno de los buques que navegan por los corredores (50.000 al año por el de Galicia, la M-30 de la Sra. Ministra de AAEE). Así, aunque la sociedad no los perciba, la OMI lleva años considerándolos (quizás sin la suficiente diligencia).
Según estima la OMI, las emisiones anuales de las chimeneas de la flota mundial en cuanto al azufre (en forma de óxidos), los óxidos de nitrógeno y los CFCs representan, respectivamente, el 4%, el 7% y el 2% del total mundial. Usando la bibliografía pertinente y haciendo unos pocos números se puede calcular que el tráfico marítimo hoy a unos 50 Km. de la costa gallega emite a la atmósfera unas 6.000 toneladas de azufre al año. Esta cifra representa un 50% más que el azufre emitido en el año 2000 por tanto la central térmica de Endesa en Puertollano como por la suma de Sabón I y Sabón II de Unión Fenosa, y la mitad de lo derivado de todo el transporte por carretera en España en 1998. Dado que se estima que los óxidos de azufre (precursores del sulfato que es el principal responsable de la lluvia ácida) son transportados una distancia media de 800 Km. y que los vientos predominantes de la zona son del oeste, resulta evidente que no sólo Galicia si no todo el noroeste de la Península Ibérica está dentro del radio de acción de dichas emisiones.
En cuanto al otro tipo de contaminación marítima, el 80% de la flota comercial mundial lleva en sus pinturas anti-incrustantes un potente tóxico, el tributilo de estaño (TBT del inglés tributyltin). Con ya cuatro décadas de historia a sus espaldas, el TBT constituye un clásico ejemplo de contaminación marina para la ciencia medioambiental (biología, química, economía,…) y, a partir de ésta, para la legislación internacional. La OMI ya (por fin!) tiene un plan de actuación con el que confía en que para el 2008 los barcos ya no lo usen, pero habrá que verlo; como ya sabemos, y particularmente en lo tocante al TBT, una cosa es la legislación y otra muy distinta su aplicación y estricto cumplimiento. En cualquier caso, dado que el TBT es uno de los llamados Contaminantes Orgánicos Persistentes, todavía dará mucha guerra. En Galicia los efectos biológicos del TBT son ubicuos (se ha documentado una alteración de la sexualidad de ciertos caracoles marinos desde Ribadeo hasta La Guardia), y existen datos que indican la responsabilidad, si bien que parcial, del corredor marítimo en este deterioro del ecosistema. Además, al menos en lo tocante a la ostra rizada o japonesa, el TBT lleva muchos años perjudicando a la industria acuicultora.
El impacto multidimensional del caso Prestige alcanza ya, y probablemente supere, la máxima cota hasta ahora sufrida por la Unión Europea. Sería deseable que se cumpla rigurosamente la actual máxima de que “el contamina paga”, pero quizás también debiera pagar todo aquel que contamine, aunque lo haga de forma menos perceptible. Para replantear la disposición del corredor gallego (o en su defecto exigir alguna compensación), España ciertamente tiene un caso

 

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Última modificación: 27-03-2003. Dep. Ecoloxía e Bioloxía Animal. Alberto Velando