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UNIVERSIDADE DE VIGO

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AL FINAL LIMPIARÁN
LAS BACTERIAS.
Antonio Gallardo. Profesor de Organización y Estructura de Ecosistemas.
Universidad de Vigo
Cuando la mayor parte del fuel sea retirado por medios mecánicos
de las costas aún quedarán numerosas pequeñas manchas tanto en superficie como
en los fondos costeros cuya retirada sea inviable. En ese momento dependeremos
de los microorganismos marinos con capacidad de degradar el petróleo, y sin duda
estos microorganismos volverán a dejar los ecosistemas en un estado muy similar
al anterior a la tragedia. Aunque se conocen hongos y levaduras con capacidad de
digerir el petróleo y sus derivados, en el medio marino esta labor descansaría
casi exclusivamente en las bacterias. Paradójicamente, el petróleo, que no es
más que la materia orgánica que las bacterias no pudieron degradar hace millones
de años, será finalmente degradado por los mismos que lo crearon. Que es lo que
ha cambiado? Sencillamente el petróleo se acumuló en condiciones anaeróbicas, y
afortunadamente en nuestras costas las condiciones que prevalecen son aeróbicas,
lo que hace pensar que las bacterias podrán finalizar su trabajo. Por esta misma
razón, aquellas zonas de la costa donde pueden prevalecer condiciones
anaeróbicas (como las marismas) son las más sensibles y las que más esfuerzo
necesitan de protección.
Las preguntas que inmediatamente emergen son si realmente hay bacterias
degradadoras del petróleo, si son efectivas a la hora de degradarlo y, en caso
contrario, que se puede hacer para que lo sean. Y para ayudar a responderlo
mejor fijarse en lo ocurrido y experimentado en en la costa de Alaska con el
derrame provocado por el Exxon Valdés, y ver si se pueden sacar paralelismos con
la costa gallega. En un primer momento los científicos de la Universidad de
Alaska llegaron a dudar si realmente existían poblaciones significativas de
estas bacterias en sus costas. Eran bacterias muy especializadas y era difícil
de explicar de que vivían antes de la llegada del petróleo. No solo encontraron
estas poblaciones naturales en suficiente número sino que además describieron el
mecanismo de su supervivencia sin petróleo. Se alimentaban de terpenos
procedentes de los ecosistemas forestales de Alaska. Los terpenos son pequeños
hidrocarburos, caracterizados por poseer un anillo fenólico en su molécula,
precisamente la base de la estructura presente en los hidrocarburos tan difícil
de digerir por los microorganismos corrientes. Los terpenos los producen
fundamentalmente las coníferas, muy abundantes en Alaska. Aunque son volátiles,
los científicos de la Universidad de Alaska encontraron que la mayoría de estos
compuestos terminaban depositándose en el suelo debido a las condiciones de alta
humedad predominantes en Alaska, y a partir de aquí los ríos los transportaban a
la costa, manteniendo las poblaciones de las bacterias degradadoras de petróleo.
El paralelismo con Galicia no puede ser más obvio. En los ecosistemas forestales
gallegos si algo predominan son las coníferas. Con toda seguridad estarán
emitiendo terpenos (aunque no conozco que existan datos al respecto), y por las
condiciones de humedad ambiental, estos terminarán en los ecosistemas costeros.
Es por tanto plausible que existan poblaciones naturales de bacterias con
capacidad de degradar petróleo.
La segunda pregunta es como de efectivas son estas bacterias. En Alaska las
poblaciones naturales no eran lo suficientemente activas como para que la mejora
fuese ostensible a simple vista. Por eso acudieron a estimular el crecimiento
bacteriano con algunas técnicas que se conocen con el nombre genérico de
bioremediación. En concreto, las bacterias para sintetizar su propio material
celular necesitaban cantidades altas de nitrógeno y fósforo, elementos que son
muy escasos en el petróleo. Se fertilizaron grandes zonas costeras con nitrógeno
y fósforo en experimentos cuidadosamente controlados. Los resultados fueron
espectaculares, las poblaciones bacterianas se multiplicaron por 100 en las
zonas fertilizadas, y los efectos fueron evidentes incluso a simple vista en
pocas semanas. Sin embargo, fertilizar no es una panacea contra los vertidos de
hidrocarburos. La posibilidad de que la fertilización afectara negativamente al
ecosistema fue considerada desde el principio, ya que esta fertilización podía
provocar una explosión en el crecimiento de ciertas algas y una consecuente
disminución de la disponibilidad de oxígeno. Por esta razón la fertilización se
utilizó solo en zonas muy batidas por el mar, donde la mezcla de bacterias,
fertilizante y petróleo fuera lo más homogénea posible.
Otra posibilidad es la inoculación de cepas bacterianas eficientes en la
degradación de hidrocarburos. Pero al contrario que la fertilización, todos los
intentos de inoculación de este tipo de bacterias en ecosistemas naturales
(algunas procedentes de manipulación genética) han fracasado. Este fracaso se
atribuye a la dificultad de aclimatarse a las condiciones naturales o a la
competencia con las cepas naturales.
Aunque las condiciones naturales de la costa de Alaska y la costa gallega son
bien diferentes, existen esperanzas de que las poblaciones microbianas sean más
activas que en Alaska, como respuesta por un lado a las temperaturas más altas y
por otro lado a la mayor riqueza en nutrientes existente en las productivas rías
gallegas. La comunidad científica gallega, fundamentalmente microbiólogos,
ecólogos marinos y costeros tienen suficiente capacidad para dar respuesta a la
mayoría de estos interrogantes.
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