OBAMA: “YES WE CAN” O “ATILANO
PRESIDENTE?”
Después de haber visto ya de todo en política nos hemos vuelto irremediablemente cínicos y desconfiados. Muchos hemos llegado a pensar que todo el fenómeno Obama no podría ser más que una maniobra bien orquestada desde las altas instancias con el fin de manejar a su antojo a las masas. Como en la película “Atilano presidente” en la que un Manquiñas que habla muy bien y muy claro seduce con su carisma a los votantes españoles por encargo de un grupo de ocultos y oscuros conspiradores del mundo de los negocios. Lo malo de las conspiraciones es que se basan en creencias. Son como Dios: no se puede demostrar que exista o no. No hay pruebas, sólo indicios sujetos a la interpretación de cada uno. El mismo indicio significa lo contrario para unos u otros. Hay muchas versiones sobre lo que ocurrió en el golpe de Estado de 23-F diferentes a la oficial. Lo mismo sucede con la muerte de Kennedy, los atentados de las torres gemelas o los del 11-M en Madrid. Puede que nunca sepamios lo que sucedió realmente o que, simplemente la versión más sencilla sea la más cercana a la verdad.
La misma lógica podríamos aplicar al fenómeno Obama. ¿No será un simple producto de consumo puesto a disposición de las masas para encauzar el descontento? Respondamos con otra pregunta: ¿Acaso podría ser otra cosa? ¿Por qué otros medios podría nadie llegar a ocupar la presidencia de los Estados Unidos? Si bien es cierto que la campaña de Obama se ha caracterizado por la originalidad en los medios utilizados respecto a campañas anteriores (internet, movilización popular para recaudar fondos, etc.) no ha dejado de usar también los medios tradicionales de marketing político. Y aunque haya renunciado a la financiación pública y presuma de financiación de los pequeños aportadores es presumible también que a algún tipo de compromiso haya llegado con los grandes grupos de poder económico y mediático. ¿Pero podría ser de otro modo? Sí, podría. Hasta hora había una formas más tradicional de hacer las cosas que implicaba un menor nivel de compromiso con las necesidades reales del electorado y un sometimiento a las directrices del poder. Aún así podríamos sospechar que todo es una gran mentira, un montaje. Nadie podrá demostrar nunca lo contrario a menos que de repente a Obama le peguen un tiro (y aún así podría estar todo “amañado”) o se meta de verdad con los poderosos (sabe Dios con que oscuras intenciones). De cualquier manera, en el caso de que todo fuese una conspiración, se trataría de un producto de excelente calidad. Lo cual es de agradecer dado lo que hemos visto desde Kennedy. Hay algo de carsimático, de auténtico que no parece posible producir desde el marketing. Y si es así, me quito el sombrero ante los que lo hacen posible: un gran producto, si señor.
Dado que no hay forma de salir mentalmente indemne de una teoría conspiratoria (se retroalimentan constantemente) vamos a partir de que los hechos (la verdad) se hacen evidentes con sus consecuencias. Si Obama consigue encarrilar el proceso de cambio mejorando las condiciones de vida de millones de personas (no sólo en Estados Unidos) a través de un nuevo estilo de liderazgo más comprometido y más carismático…no me importa demasiado quién esté “detrás” de él porque, además de las grandes corporaciones estaremos también millones de personas. Y como poco tendremos que llegar a acuerdos. No, probablemente esto no va a ser el asalto a la Bastilla ni al Palacio de Invierno. Precisamente el fenómeno Obama trata de evitarlo. Y no creo que nos gustase la solución revolucionaria. Aunque la mejor demostración de que no se trata de una conspiración sería que la operación fracasase. Como le pasó a Gorbachov en la Unión Soviñética. Que el intento de reforma descarrile. Y no sé si esto es deseable. O que el candidato comience a tomar autonomía en la forma de resolver los problemas (como Atilano en la película o JFK en la realidad) y comience a ser un problema. Entonces (como en la película y como en la realidad) hay que liquidarlo de una forma u otra. A Gorbachov lo defenestraron y el proceso además descarriló. Adealanto un fin muy parecido para esta “película”. El intento de control manejado por la conspiración (si es que existe) se va a ver alterado por alguna anomalía (si es que el fenómeno Obama no es ya una “anomalía” en sí mismo) que llevará a su frustración. Y se producirá el cambio, con o sin Obama. Con o sin conspiración. De forma tranquila o violenta. Porque no hay conspiración más poderosa que la propia realidad y su lógica.